domingo, 9 de julio de 2017

Pesadillas



             Federico depositó la mirada vidriosa sobre una Eva desazonada que empezaba a vislumbrar la magnitud y velocidad que estaban tomando las cosas.
            Ella era su informante dentro de la mansión, pero tras mi relato, mi esposo dudaba de la veracidad de las informaciones de la agente y de la intencionalidad puestas en ellas y en sus acciones. Él sabía muy bien que cuando el amor se adueña del corazón, la razón es susceptible de perderse. Eva había elegido la peor forma posible de alcanzarlo.

 Proseguí con lo que nos ocupaba y a algunos preocupaba.
             -Descubrí el doble juego de Alex y cancelé el plan, arrepintiéndome de cada uno de los movimientos que había hecho hasta el momento y enojada conmigo misma por no haberme dado cuenta de que el único plan existente, era el que Alex había diseñado para sí mismo. Las demás solo éramos herramientas necesarias para llevarlo a cabo.

            Reconocí la punzada de dolor que Eva reflejada en su rostro y sentía en el pecho. Tomaba conciencia de que había permitido que la enredase un hombre que no le correspondía del mismo modo que ella le amaba y que le había utilizado vilmente. Su vida iba a cambiar.
             -No fueron necesarias demasiadas palabras cuando le devolví el Fabergé a Federico. Él estaba al tanto de muchas de las cosas que había hecho para que la joya acabara en mis manos y respondió con la generosidad con la que siempre me ha tratado… -Un atisbo de emoción estuvo a punto de manifestarse en mis ojos a través de una lágrima que detuve a tiempo de que cayera rodando por mi mejilla.- Ese día todos en la mansión supieron que mi conducta no había sido adecuada. El intercomunicador del dormitorio de Federico estaba activado.

           Miré al servicio uno por uno, sorprendiéndome de no percibir en María, mi gran detractora, una actitud reprobadora hacia mí. Muy al contrario parecía satisfecha con mi confesión. André mostraba conformidad en su faz serena y el resto de las chicas se columpiaban entre la confusión y el temor a que los hechos les salpicaran.
           Los ojos de la jineta apocalíptica brillaron como los de un gato en la oscuridad y una sonrisilla cruel cambió la forma de sus labios.

           La mañana que Federico volvió del hospital a casa, sus hijos se quedaron a comer con nosotros. La jineta me vio salir al jardín corriendo y aprovechó la ausencia para ir al dormitorio de su nonagenario padre y activar el intercomunicado. No me tragaba porque siempre fui una amenaza para su fortuna de su padre. Quería tenerme controlada.
           -Una mosca revoloteando dentro de la urna del Fabergé precipitó los acontecimientos. Iba a devolver la joya antes de que alguien deparara en su ausencia, pero la naturaleza es sabia y actúa con contundencia para que nos descubramos la cabeza ante ella. La mosca fue providencial. Desvelar lo ocurrido, descargó de mis hombros el peso que  doblaba mi espalda. Contaros el sueño ha liberado mis inquietudes y por fin puedo respirar serena.
           Silencio generalizado.
           -Ahora si te pareces a la mujer con la que me hubiera gustado casarme –Gonzalo se levantó y se sirvió un whisky de la mesa donde se había instalado los canapés y las bebidas.
           -¿Me ayudarás si lo necesito? –le pregunté siguiendo sus pasos.
           -Este momento llega tarde. Para algunas cosas no ha vuelta atrás.

           

           

           

 

 

 

1 comentario:

  1. Finalmente el más listo de todos va a ser Gonzalo. Sobre todo por las lecciones aprendidas.

    Saludos estudiados

    ResponderEliminar